Jefes gaviotas y otras anécdotas empresariales

El jefe gaviota y otras anécdotas empresariales

Anécdota jefe gaviota

Algunos jefes podrían calificarse de jefes del tipo “jefe gaviota“. Dejan solos a sus subordinados hasta el momento en que cometen un error. Entonces se lanzan en picado, hacen mucho ruido y critican a todo el mundo. Es el método de dejar solos a los demás, de no admitir las limitaciones de las personas y no agradecer ni compensar los aciertos de las mismas.

jefe gaviota

Es una pena este comportamiento, ya que se crea un clima de trabajo muchas veces insoportable. Todo el mundo está esperando a ver quien es el que recibe la próxima bronca. No se busca solucionar los posibles errores, lo que se busca es ocultarlos antes de que la gaviota se lance en picado a por ti.

Anécdota cohete. Empezar cuesta

Qué espectáculo cuando despega un cohete. Lo que parecía imposible, ir a la luna, se empieza a convertir en realidad. En los primeros minutos del despegue, para vencer la atracción gravitatoria de la Tierra (los primeros kilómetros), se gasta más energía que en los siguientes miles de kilómetros.

Los hábitos tienen también una enorme atracción gravitatoria. Para romper tendencias habituales profundamente enraizadas se exige un esfuerzo tremendo, pero en cuanto nos despegamos de la atracción gravitatoria, nuestra libertad adquiere una dimensión totalmente nueva.

Cuando ese hábito es positivo se le llama virtud, cuando es negativo, se le llama vicio. Y a diferencia de la fuerza de la gravedad, que es constante, los hábitos se refuerzan con las acciones realizadas a lo largo del tiempo, es decir, que cada minuto que pasa sin que despegue, la fuerza de atracción es mayor.

Anécdota vendedor. Quiero saber lo que me va a cobrar

Una frase que es interesante oír de nuestros clientes es: “No se ofenda, pero quiero saber por adelantado lo que me va a cobrar”. Cuando escuchamos esta frase nos tiene que dar una alegría, porque eso significa que piensan pagarnos. Los que son peligrosísimos son los que no preguntan ni se interesan por el precio, aunque vengan muy bien vestidos.

Anécdota consultor. La ignorancia premeditada, el éxito del consultor

O como decía Peter Drucker: “Mi fuerza más grande como consultor es ser ignorante y hacer preguntas”. “Hacer preguntas tontas es más fácil que corregir errores tontos.”

En la época industrial, las tareas estaban perfectamente claras y definidas. En la era del conocimiento, las tareas tienen habitualmente unos límites difusos. Y responder a las preguntas adecuadas es uno de los grandes retos de cualquier trabajador del conocimiento, porque contribuye extraordinariamente a clarificar los límites de las tareas.

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