Madurez personal e interdependencia. La verdadera libertad.

Lo que escribo a continuación es solo un extracto del libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, escrito por Stephen R. Covery. 

Es fácil ver que la independencia es mucho más madura que la dependencia. El paradigma social corriente entroniza la indepen­dencia, pero sin embargo, la independencia no es infalible.

Gran parte del énfasis actual en la independencia es una reacción contra la dependencia (que otros nos controlen, nos defi­nan, nos usen y nos manipulen). La mayoría del material acerca del autoperfeccionamiento pone la independencia sobre un pedestal, como si la comunicación, el trabajo de equipo y la cooperación fueran valores inferiores. El tipo de reacción que lleva a «romper las cadenas», «liberarse», «autoafirmarse» y «vivir la propia vida» revela a menudo dependen­cias más fundamentales de las que no se puede escapar porque no son externas sino internas: dependencias como la de permitir que los defectos de otras personas arruinen nuestras vidas emocionales, o como la de sentirse víctima de personas y hechos que están fuera de nuestro control.

libertad interior

Foto de Flickr cortesía de Arguez

Desde luego, puede que sea necesario que cambiemos nuestras circunstancias, pero muchas veces el problema de la dependencia es simplemente una cuestión de madurez personal. La independencia de carácter nos da fuerza para actuar, en lugar de que se actúe sobre nosotros. Nos libera de depender de las cir­cunstancias y de otras personas, y es una meta liberadora que vale la pena. Pero no es la meta final de una vida efectiva.

El concepto de interdependencia es mucho más maduro, más avanzado.

  • Si soy físicamente interdependiente, soy capaz y dependo de mí mismo, pero también comprendo que tú y yo trabajando juntos podemos lograr mucho más de lo que puedo lograr yo solo.
  • Si soy emocionalmente interdependiente, obtengo dentro de mí mismo una gran sensación de valía, pero tam­bién reconozco mi necesidad de amor, de darlo y recibirlo.
  • Si soy intelectualmente interdependiente, comprendo que necesito mis pro­pios pensamientos con los mejores pensamientos de otras personas.

Las personas dependientes no pueden optar por ser interdependientes. No tienen el carácter necesario para hacerlo, no son lo bastante dueñas de sí mismas.

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